viernes 5 de febrero de 2010

Cinco Canciones Adolescentes

28 esqueletos bailando

O mejor: cinco canciones que son como un túnel del tiempo, una catapulta que me revolea de nuevo a mis dieciséis, cinco canciones que escucho y soy otra vez joven, bello y bueno.

Mean To Me, de los Crowded House

Me iba a hacer el canchero poniendo Surrender de Cheap Trick, pero lo cierto es que los descubrí mucho después...

lunes 1 de febrero de 2010

Cómo Matar Un Chancho

31 esqueletos bailando
Cuando se trata de un chancho, es curioso cómo las razones para terminar con su vida se reducen casi exclusivamente a una sola razón: comerlo. Porque ¿para qué otra cosa mataría uno a un simpático porcino? La maldad no es razón, los chorizos y el jamón si.
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Yendo rápida y directamente al tema que nos ocupa, y siendo como somos: gente inteligente y sensible, vamos a pasar de largo el método vulgar y – por qué no decirlo – cruelmente medieval de colgar al pobre bicho de las patas y clavarle un cuchillo enorme en la garganta, como si el chancho fuera una persona, caramba. Vamos a presentar entonces (con toda la humildad del mundo, como siempre) una serie de maneras alternativas para provocarle la muerte a un chancho y seguir por la vida lo más pancho*.
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La proverbial ausencia de cogote del cochino hace muy difícil el método del estrangulamiento, y es por eso que lo vamos a elegir, justamente, como primera y más divertida opción. Para estrangular un chancho no vaya a caer en el facilismo de valerse de sogas, correas, cables o alambres; a lo criollo, con las manos desnudas (con los brazos, si es necesario) apresaremos al porcino por el lugar borroso en que la cabeza pasa a ser cuerpo y apretaremos hasta que el desgraciado deje de berrear (hay que ver lo que grita un chancho: basta acercarse a la cancha de boca un domingo). Se permite un ocasional cabezazo, aunque ojo: su propia cabeza humana es probablemente bastante menos dura que la del chancho, y ya lo quiero ver desmayado con un chancho enojado cerca.
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Una versión un poco más espectacular de esta primera es ahogar el chancho en una pileta. Espere: no en la pileta de natación (que en mi barrio se llama pelopincho), porque es muy probable que el chancho, al verse rodeado por las tinieblas de la muerte, despida sus últimas excreciones y adivine quién las va a tener que limpiar luego. Yo no. Lo más pintoresco es recurrir a una bañadera vieja, como suelen tener en las gomerías posta, o en un tacho de doscientos litros cortado al medio. Ojo los bordes. El método es sencillo: sostenga la cabeza del porcino bajo el agua hasta que éste deje de resistirse y ya no salgan globitos.
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Otra forma más rebuscada y compleja de eliminar un cerdo consiste en bañarlo muy seguido (digamos unas tres veces por día) hasta que el chancho adelgace, adelgace y así termine por desaparecer. Claro que después no sirve para comer y entonces para qué lo matamos (vuelva al primer párrafo, pierde un turno).
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Aquí unos consejos para no complicar el asesinato del lechón:
  • No le ponga nombre
  • No deje que los niños lo vean
  • Ni que le pongan nombre, o le pongan trajecitos ni sombreros
  • Menos que lo maquillen y digan que se parece a la tía Mimí.
  • No lo mire directamente a los ojos: eso lo enfurece y luego su carne puede adquirir un sabor un poco amargo.
  • No lo enjabone ni lo aceite

Finalmente, cualquiera podría decirnos, con total razón, que es mucho más fácil ir a la carnicería y directamente comprar un lechón ya muerto y listo para el horno, cuando no ya asado. Es verdad, pero aquí con los muchachos pensamos en que no hay mérito en la facilidad y por otro lado, amiguitos, ¿qué mejor manera de arruinarle el marote a un pibe que con un chancho muerto?

*me salió un versito.

martes 29 de diciembre de 2009

Deja Que Te Entre

43 esqueletos bailando
La película se llama, en su sueco original, Låt den rätte komma in, que en criollo viene siendo: Deja Entrar al Correcto, pero en los cines de aquí se econtrará con el nombre de Criatura Nocturna, una traducción que, para manetenr la línea, no tiene nada de ingenio. Está ahora mismo en cartelera. De hecho, acabo de llegar del cine, de verla, y espero que aprecien, atorrantes, que hay que estar, solo en casa, pasadas las 12 de la noche, escribiendo una reseña sobre una película de vampiros que se acaba de ver. Vamos a los datos técnicos: el director se llama Tomas Alfredson (nombre sencillo para un sueco ¿no?), y el guión de la película está basado en la novela del mismno nombre que escribió Jonhn Ajvide Lindqvist (este sí suena sueco). De hecho, fue el mismo Lindqvist el que hizo la adaptación para el guión de cine. Los jovencísimos protagonistas son Kare Hedebrant y Lina Leandersson y hay que ver lo que se bancan estos pibes en este peliculón. ¿Y De Qué Se Trata? Oskar (Hedebrant) es un pibe de doce años, muy rubio, hermoso y callado, que es acosado en la escuela por un grupo de compañeros pesados e idiotas. Oskar sueña y ensaya ser lo suficientemente valiente como para enfrentar a sus compañeros, defenderse y acaso clavarles el cuchillo que tiene guardado bajo el colchón. Una noche llegan unos vecinos nuevos al edificio: son un señor mayor y su ¿hija?, una nena de más o menos la edad de Oskar, y tan callada como él. De a poco lo vamos sospechando, algo raro pasa: la nena solo sale de noche y su ¿papá? se dedica a despenar giles para sacarles la sangre y llevársela en un bidón a la casa. Inevitablemente Eli (la nena: Lina Leandersson) y Oskar empiezan a hacerse amigos cada noche, en el patio del edificio donde viven. Los dos están muy solos y son despreciados por el resto. ¿Otra de Vampiros Adolescentes? No nos engañemos: esta película no es ni pretende ser una especie de respuesta al bodrio cocacolero de Crepúsculo, que además está basado en una novela escrita por una mina que confiesa ni siquiera haber leído el Drácula de Bram Stoker "porque le da mucha impresión y su religión no se lo permite". De un corte mucho (muuucho) más dramático y serio, esta película es un retrato muy crudo de lo que significa ser distinto en una edad tan chota como es la preadolescencia, aún viviendo en un país como Suecia, donde se supone que hay un bienestar comercial que - ya lo vamos viendo - no garantiza el bienestar de las personas. Eli es un vampiro, pero más que un depredador chupa sangre es un animalito asustado de su propia naturaleza y de la sociedad que se le viene encima con estacas, palos y antorchas. Por otro lado Oskar, siendo abusado de forma muy violenta en la escuela por sus compañeros, ya tiene un cuchillo preparado para convertirse en un asesino serial si no lo atajan a tiempo. Como vemos, la cuestión vampírica no es el centro de la historia, si no que es apenas un recurso, una herramienta para subrayar los aspectos oscuros de una sociedad que pareciera estar en la cúspide de la civilización, pero que aún tiene las patas en el barro. No faltan las referencias a los casos de secuestro y abuso infantil en el norte de Europa, de los que tuvimos noticias no hace mucho tiempo. Por otra parte, amiguitos, aunque se trata de una película de vampiros y haya un dosis generosa de sangre, no hay ni un colmillo y casi ningún efecto especial. Esta película, como las buenas películas, se sostiene y brilla por la historia misma y por la actuación de estos dos pibes que, lo repito, hay que ver lo que se bancan. Por otro lado, este montón de huesos no sabe nada de técnica, pero me imagino que filmar de noche en la nieve, y lograr esa iluminación tan particular (donde no es de noche, ni de día) no debe ser moco de pavo. Resumiendo: No es una película de terror, no es una película de vampiros adolescentes, no es una historia romántica. Es un flor de drama, serio, crudo y hecho con muchísima sensibilidad. No se les ocurra llevar a los pibes, ojo, que es bien de adultos. Eso es todo amiguitos. ¡Que duerman bien!