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Las mujeres bellas siempre causan conmoción. Desde las anónimas bellezas que en la calle nos hacen girar el cogote de una manera que ríase de Linda Blair, las que provocan silencios, susurros y codazos al entrar en un recinto, hasta las bellísimas famosas como la Monroe y sus ecos en la familia Kennedy.
Y está muy bien que sea así; por eso vamos a hacer un modesto catálogo de minas que a lo largo de la historia (la mitología) han provocado, con su belleza, grandes quilombos. Veamos:
La Más Bella de Todas
Es inevitable hacer referencia primero a la mina que fue considerada la mujer más bella del mundo, y la que provocó una de las mayores guerras de la mitología clásica: Helena de Troya.

Helenita era hija de Leda y de Zeus -nada menos- quien se había convertido en un cisne para poder unirse a Leda mientras su marido Tindáreo, rey de Esparta, andaba por ahi. Ya de muy jovencita provocaba un amor violento: Teseo y Piritoo la raptaron y se la jugaron al truco, quedándosela Teseo (por eso después fueron con Piritoo al Hades a raptar a Persefone*, para que cada uno tuviera una mina y poder hacer salidas de cuatro), pero luego fue rescatada por sus hermanos Castor y Pólux, también conocidos en el barrio como Los Dióscuros.
Ya mayorcita se casó con Menelao, después de un gran concurso; imagínense que siendo Helena la mujer más hermosa del mundo -y una princesa, nada menos- todos se querían casar con ella. Helena y Menelao tuvieron una hija: Hermíone (ah, si, como la amiguita de Harry Potter... no hay como hacer referencia a alguna película taquillera para centrar la atención).
Por otro lado lo tenemos a Paris: también un príncipe, hijo del rey de Troya y, encima, el pibe más lindo del planeta. Paris era tan lindo que cuando las tres diosas Hera, Atenea y Afrodita se disputaron el título de la más hermosa, le pidieron a Paris que les hiciera de juez; el premio para la diosa elegida era una manzana de oro (si amiguitos: la famosa manzana de la discordia). Cada una de las diosas le prometieron al joven distintos dones, respectivamente: poder, invencibilidad y la mina más linda del mundo. Paris, que además de lindo no era ningún idiota, eligió a Afrodita y se ganó así el derecho a enamorar a la mujer más hermosa del mundo, es decir, nuestra amiga Helena.
El problema es que Helena ya estaba casada. Pero el designio de los dioses es inexorable y cuando Paris y Helena se vieron, se enamoraron, huyeron juntos a Troya y provocaron la famosa guerra, la del caballo de madera, la de los diez años, la que tuvo entre sus combatientes a Odiseo, a Aquiles, a Demofonte, aquel que a la vuelta enamoró a Filis y así le fue.
*La aventura de Teseo y Piritoo en el Hades es graciosísima, y explica por qué los atenienses tienen el culo chiquito... otro día la contamos.
Otra Griega Linda
Marpesa era también una princesa, hija del rey de Etolia, don Eveno. Era bellísima (por eso está aquí en esta entrada, en este blog) y de ella se vino a enamorar Idas, quien había sido uno de los Argonautas. Idas era primo de Cástor y Pólux (por lo tanto también de Helena), y según decían las malas lenguas, era hijo ilegítimo de Poseidón.
La morochita del medio es la actriz Marpessa Dawn,
que bien podría ser la Marpesa del mito, cosita hermosa.
Marpesa era tan bella que no sólo había enamorado a Idas: también llamó la atención de Apolo, y como todo buen dios, fue a reclamarla invocando su derecho divino: Soy el dios Apolo y me gusta esa mina; damela o te parto al medio como un queso, te parto. Para eso soy un dios, qué tanto.
Pero Idas no se achicó ante el reclamo del dios y dejó en claro que estaba dispuesto a pelear con el mismísimo Apolo si hiciera falta; ante la inminencia de un desastre, Zeus intervino como juez y dictaminó con muchísima sabiduría que debía ser Marpesa la que eligiera con quien quedarse. Marpesa no dudó y eligió quedarse con Idas. A mi me gusta pensar que Marpesa se enamoró de su raptor cuando éste se mostró dispuesto a enfrentar a Apolo por ella. No está nada mal.
El Casamiento de Njord y Skadi
Mientras leía la historia yo más bien me imaginaba a Skadi
como a Miranda Otto en El Señor de los Anillos...
Repito: le dieron la razón a la mina sólo por ser hermosa.
Más allá de la filosofía de un amigo mío muy atorrante, que dice que a una mina con buenas tetas se le perdona todo, me imagino que los dioses creían (como Platón y, por extensión, todos los griegos) que la belleza estaba íntimamente ligada a la nobleza, y por eso le concedieron a Skadi estas dos gracias: pusieron los ojos de su padre, Tjazi, en el cielo junto con las estrellas (gran cosa) y le permitieron a Skadi que eligiera cualquiera de los dioses para casarse con ella, pero con una condición: la joven debía elegir a los dioses sólo mirándoles los pies.
Muy bien, se pusieron todos los dioses detrás de una especie de telón, por donde asomaban, por abajo, las patas de todos ellos. A Skadi le gustaba Balder, que era el más lindo y bueno de todos los dioses, entonces eligió el par de pies más blancos y limpios. Pero estos pies no pertenecían a Balder (se ve que era lindo pero medio mugriento) si no a Njord, quien era el dios de las costas, de las tempestades y del mar cercano a la tierra, y por eso tenía los pies más limpitos. Esto nos enseña, amiguitos, la importancia de una buena higiene en las patas.
Njord y Skadi se casaron, pero el matrimonio no andaba bien: Skadi extrañaba las montañas, Njord añoraba el mar; por eso viajaban periódicamente de la montaña al mar, viviendo una temporada en cada lado, y es por esa razón que en la península nórdica el invierno va y viene, y no por la rotación de la tierra, la incidencia del sol o giladas por el estilo.
Bueno, hasta aquí este modesto catálogo de minas hermosas. Elegimos estas tres historias porque son divertidas, pero las mujeres hermosas son muchísimas, innumerables, y acá, con los muchachos, no dejamos de agradecerlo.


